6 formas de machismo que nos lo ponen difícil (aunque no lo parezca)

Estamos encantadas de que estés leyendo este post si eres mujer, pero mucho más si eres hombre y estás mostrando interés por el tema. De verdad, gracias, porque a ti también te necesitamos en esta lucha.

No es raro que tengamos que oír por parte de muchos hombres (y de algunas mujeres) que las quejas sobre el machismo son exageradas, que hoy en día estamos muy susceptibles, que ya no sabe uno cómo se tiene que comportar, que esto es ridículo, etc.

Si eres hombre, te pedimos y te agradeceremos un ejercicio de empatía para comprender las situaciones que a menudo vivimos porque estamos convencidas de que, si lo haces, nos vas a comprender en seguida y vas a ponerte de nuestro lado. Cuando nos acompañes en esta lectura, piensa que no son hechos aislados, que son desprecios a nuestra condición que sufrimos a diario, gratuitamente, y así podrás entender por qué estamos más quemadas que el cenicero de un bingo pre-ley antitabaco. Te pedimos que abras tu mente y no interpretes estas denuncias como un ataque a los hombres en general, sino a las personas (hombres y mujeres) machistas en particular.

Si eres mujer, atenta, compañera, que si bien no es sano que nos obsesionemos, tampoco debemos bajar la guardia y dejar que algunos nos sigan comiendo la tostada sin, por lo menos, patalear. Corremos el peligro de estar tan acostumbradas a estas actitudes, que podemos llegar a despistarnos sobre lo que es exigible y lo que no, y a subestimar el daño que nos pueden llegar a hacer, a las mujeres como colectivo y a la sociedad en general.

Si utilizamos las armas de las que disponemos en este estudio de branding y diseño (en este caso ilustración y redacción) para dar la matraca feminista durante toda una semana, es para tratar de visibilizar esos detalles a los que a menudo las mujeres no damos importancia, porque la tienen. Si tiramos del hilo, tienen consecuencias en lo más profundo de nuestras vidas.

1. La duda razonable sobre las ideas geniales

Pregunta a las mujeres de tu entorno si les ha pasado alguna vez y te sorprenderás, porque este es un clásico. Estás en una reunión, presentas una idea genial y tu interlocutor se dirige al hombre (compañero o jefe) que te acompaña, como si no estuvieras o como si te hubieras limitado a presentar la idea de otro. Porque las buenas ideas… raramente vienen de una mujer.

O mejor aún, una mujer presenta una idea y cinco minutos más tarde un compañero/jefe propone exactamente lo mismo dicho con otras palabras. ¿Sordera selectiva? ¿Apropiación indebida? ¿Desprecio de la inteligencia femenina?

2. La sorpresa sin disimulo

Esta es una derivada de la primera situación. Un cliente o posible cliente requiere hablar con “el” jefe, dando por hecho que esa voz femenina al otro lado del teléfono o esa mujer que tiene delante no puede ser la persona que está al mando. Se sorprende sin disimulo (e incluso puede llegar a incomodarse o indignarse) ante la noticia de que no hay UN sino UNA JEFA, despreciando así la capacidad de liderazgo que tienen las mujeres. Por cierto, que el liderazgo femenino posee unas particularidades de alto valor para nuestra sociedad, como la alta predisposición al cambio y un estilo eminentemente colaborativo.

3. La entrevista Sálvame Deluxe

Año 2018. Vía Láctea. Planeta Tierra. Hemisferio Norte. Unión Europea. España. Y una mujer en una entrevista de trabajo tiene que recibir preguntas como:

“¿Cómo llevas el machismo?”

“¿Estás casada? ¿Piensas casarte?”

“¿Tienes hijos? ¿Piensas tener? ¿Cuándo?”

“¿Tienes pareja? ¿Vivís juntos?”

Si esto alguna vez se lo han preguntado a los hombres, nos tendremos que dar un punto en la boca. Pero nunca hemos escuchado tal cosa.

Esto también tiene su derivada. Cumplimente el formulario:

  • Señora
  • Señorita

¿Señor o Señorito? ¿Lo habéis visto alguna vez? No. No lo hemos visto porque el estatus y el respeto que merece un hombre no se vincula a su estado civil, al contrario de lo que ocurre con una mujer. Se entiende que en tiempos pretéritos, en los que la mujer necesitaba ser tutelada por un hombre para tareas tan críticas como comprar una lavadora, se hiciera tal distinción. A día de hoy, habiendo tenido 57 países del mundo una presidenta o primera ministra, teniendo en nuestro país una directora al frente del CNIO y a una presidenta en el CSIC, que alguien nos explique por favor a quién narices le importa si una está casada o no.

4. Debate público sobre lo que hago con mi útero

Tener hijos o no tenerlos: es ya de por sí una decisión difícil de tomar, porque cambiará tu vida en un plazo considerablemente largo, decisión solo comparable a si cortarte el flequillo recto o no.

Pues todo el mundo tiene algo que opinar al respecto. Hasta ahí bien, porque eso también les pasa a los hombres. Si la decisión es tener hijos, muchas voces sonarán cual trompetas del Apocalipsis anunciando la llegada de un fin del mundo regado de mocos, cacas, Apiretal y grupos de WhatsApp del cole. Y si la decisión es conservar su apreciada libertad, caerán sobre ellos maldiciones de toda clase acusando su infinito egoísmo, lo que echarán en falta algún día el amor de un churumbel y (esta sí, solo para ellas) la advertencia definitiva: “se te va a pasar el arroz”, como si de una paella valenciana se tratase.

Plus de peligrosidad si eres mujer (el que peligra es tu trabajo)

Pero para nosotras todavía hay más: en caso de que seas de las pro-bebés… llega el momento de comunicar la buena nueva en el trabajo. Consecuencias directas y esperables, aunque no por ello menos indignantes, de comunicar tu maternidad en tu lugar de trabajo: alquien podría presuponer que (en el caso de familias biparentales) como mujer vas a cargar con todo el peso de la maternidad, lo cual tampoco es justo para el otro integrante de la pareja. Que por ese motivo tu concentración, compromiso y disponibilidad van a disminuir, porque ahora tienes otras preocupaciones. Te puedes ver relegada a tareas para las que estés sobrecualificada. Te pueden apartar de proyectos importantes y lo que es peor, puedes perder las posibilidades de promoción que tenías hasta justo antes de comunicar tu inminente maternidad.

Sin embargo, nadie más experto en productividad que una madre que en el camino de la habitación a la lavadora, aprovecha el viaje para sacar el filete del congelador, coloca los cojines que están desordenados, atiende el teléfono, pide la cita para el médico, programa la Thermomix y repasa mentalmente la reunión que tiene tres horas después. Una madre es lo mejor que le puede pasar a la productividad de una empresa. Las reuniones van al grano, empiezan y terminan a su hora, se concretan las tareas y se programan los siguientes pasos. Porque esa madre no está para perder el tiempo. Tiene que terminar lo que sea que tenga que hacer antes de salir zumbando a recoger a los niños a la guardería, hacer la compra y preparar la comida del día siguiente antes de bañarlos. Eso en nuestra sociedad actual. Porque en el mundo por el que luchamos en días como el 8 de marzo (y los otros 364 días del año), todas estas tareas se comparten equitativamente con los hombres. Y solo cuando eso ocurra, el párrafo anterior dejará de tener sentido.

5. Mentira podrida: las mujeres se forman menos

Se forman menos expectativas a la vista de los acontecimientos, eso sí. Pero desde 2001 hay más mujeres que hombres con formación universitaria en España, dato que debe desconocer María Jesús Botella cuando dice que la brecha salarial es causa de nuestra falta de formación. Es comprensible que tenga ella esa percepción cuando escucha a su hermana hablar en inglés, pero hay que mirar alrededor, salir a la calle, y por favor, buscar los datos en Google, que no es tan difícil.

Es un buen momento para reflexionar sobre el tema, y podemos hacernos unas preguntas muy sencillas. Suponiendo que un hombre y una mujer estudien la misma carrera y tengan las mismas aptitudes, ¿gozan de igualdad de oportunidades para trabajar en la profesión para la cual se han formado? ¿Tiene más posibilidades la mujer de terminar abocada a un trabajo precario por su condición de madre o cuidadora (y la absoluta falta de guarderías públicas y ayudas a la dependencia)? Entonces, ¿dónde está la brecha salarial? ¿En la formación? ¿En las mentalidades? ¿Quizás en la isla donde viven Elvis Presley, Robert Smith, Walt Disney y Jim Morrison tras fingir su propia muerte?

6. ¡Tampoco es para tanto!

Así es. Estar peor pagadas, tener más trabas a la hora de acceder a buenos puestos, que te pregunten en una entrevista si piensas casarte o que cualquier exaltado se crea con derecho de sobarte en el metro te guste o no, es para estar muy tranquilas.

Ojo. No queremos (hablamos en nuestro caso, que se sume quien quiera) cupos para formar parte de listas o consejos de administración. No queremos ser un número para conseguir más puntos en una licitación, o para que la empresa se beneficie de ventajas fiscales. No queremos que se nos dé prioridad. Queremos igualdad. Igualdad real. Y la queremos ya. Que se nos retuerce la ceja cuando escuchamos la palabra “gradual” en estos asuntos. Cuando hubo que salvar los bancos o las autopistas con nuestro dinero no se hizo de manera gradual. Y cuando te dicen en un proceso de selección que “están buscando un chico porque las cuentas […] necesitan un hombre para aguantar el ritmo, saber de producción…”, tampoco te lo dicen de manera gradual. (Esto es un caso real, con la torpeza de dejarlo por escrito, pero ¿cuántos habrá que lo piensen y no lo escriban?)

 

Necesitamos estar juntos en esto

La igualdad es un asunto de todos, hombres y mujeres. Si después de leer lo que has leído, si después de preguntar a las mujeres que tienes en tu entorno por situaciones machistas que han vivido y escuchar atentamente, si después de ponerte en su piel, sigues pensando que no es para tanto, no sabemos qué podemos hacer. Podemos probar a contarlo en un musical, pero necesitaríamos talento para el canto, financiación y algo de tiempo.

En este post nos hemos limitado al terreno laboral, pero los tentáculos del machismo llegan a muchos más ámbitos de nuestras vidas. Los dejamos para otro día.

Contamos contigo, porque si has leído hasta aquí es porque (esperamos) sabes que algo no va bien. Porque tienes madre, hijas, abuelas, hermanas, tías, amigas que saben lo que es hacer frente al machismo día a día, aunque muchas veces ni ellas mismas se den cuenta, de tan acostumbradas. Esto no es un asunto de mujeres. Es un asunto de todos. Te necesitamos a nuestro lado, seas quien seas.

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